27.2.11

Esa noche no paraba de llover. El agua caía, pesada, y se volvía viscosa y oscura con la tierra reseca, y el rumor humeante que levantaba el asfalto hirviente iba a morirse a la orilla.
No sabían de qué lado del vidrio llovía con más niebla, con más ansias, con más ganas. Entre el calor que les sofocaba los roces y las respiraciones taquicárdicas que les hacían perder el ritmo, no escucharon el final de la canción. No vayas a acercarte tanto que corrés el riesgo de no quererte alejar. Y por favor no me beses que van a quedar estas palabras a medio decir. Tan preocupados en no ir de la mano (¿y si nos tomamos de los ojos mientras caminamos?) que no sintieron las gotas de lluvia podrida en esa esquina. Devolveme la picardía en forma de sonrisa que le presto una espalda quebrada a tus manos.

Y entre el aire con salitre, los amaneceres de nunca acabar, los sueños en camas equivocadas a la hora en que nadie quiere dormir, y el amor tan bien disimulado… dejaron de confundir agua con humedad, fin de temporada con segunda parte, ilusión con realidad, pecas con cicatrices.
No se dieron cuenta de que esa noche –por fin– paró de llover.

3 comentarios:

CEH notancul dijo...

Me hiciste acordar al emblemático canal The Box (que era un embole pero era hipnótico) con el título del blog.

Lo que encontré acá NO es un embole. Enhorabuena!

Y a propósito de la otra entrada: si.. todos nos creemos anticursis. Yo suelo enunciarme un duro, un rudo, un misterioso. Y hoy domingo me tenés escuchando a chet baker hecho un flancito. Saquemonos las caretas che!

En fin... sigo viajando por ahi. Adios

Greta * dijo...

muchas gracias! nos leemos :)

maría sol dijo...

qué bien le sienta el amor a tus sonrisas, y a tu prosa.

te quiero!