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29.12.11

“what have we found?
same old fears,
wish you were here...”
-Pink Floyd-

Tus piernas desparramadas sobre la cama y en tu guitarra esa canción que empezaba en Sol mayor… ¿de verdad creés que podés distinguir? Si nunca te diste cuenta de que te llevaste por delante todo lo que había entre mis noches y tus lagañas a esa hora en la que no nos podemos ni ver. Cantabas bajito delante de mí por vergüenza, como si yo supiera cantar, como si pudiera contar la forma desprolija en que dejabas caer acordes. Vergüenza… vergüenza debería habernos dado el olor a polvo entre los dedos al final de cada canción, al final de los mismos miedos de siempre chorreándose cual slide lastimero, infecto.
Un blues y un azote más a las cuerdas mientras te dedico estas palabras que te había prometido. Un vertevenir confuso, esquivo, mal recalentado, sin un fraseo que valga la pena, que no dé ganas de llorar.
Otra canción que no entiendo porque la cantás bajito para no flotar; golpes de tres minutos para terminar historias. Rumores que rozan la orilla y se van. Un abrazo tibio, perfectamente olvidable y fugaz. Un deseo de estar acá que se muere con el primer crujido.
Porque eso duran las(tus) cosas. Un verano.

15.6.11

martín.

un día nos voy a escribir todas las palabras que nos debo.

10.4.11

figurita repetida.

"¿Qué más van a hacer para llenarte los bolsillos de polvo y huir?"
-Adrián Berra-

es lo mismo de siempre. repetido. una y otra vez. es el egoísmo que se escapa silbando bajito por entre tus dientes, la decrépita ilusión haciéndose polvo al estrellarse con tu silencio.
y vuelvo a decir(te) que el hecho no pasa por lo que sienta por vos; pasa por la impotencia ante la situación. ante esta guerra fría que me declaraste porque sí, porque andá a saber (porque ojalá tuviera el poder de leerte la mente). es una película que vi tantas veces que me aburre volver a contarnos el final.

no sé, me agarrás tan cansada que no me dan ganas ni de putearte. pero qué sé yo, en una de esas te dedico mi mejor rosario por dentro y quizás hasta sea capaz de levantar el teléfono para no atragantarme más con esta mierdita que te corresponde solo a vos.

es lo mismo de siempre. repetido. una y otra vez. es el egoísmo que se escapa silbando bajito por entre unos dientes, la decrépita ilusión haciéndose polvo al estrellarse con un silencio.
es el doble discurso, las flores ya marchitas que me tiraste, todo lo que valgo que no lo valora nadie, los impulsos que deberías aprender a manejar, las metidas de pata por creerte todopoderoso y resulta que vos mismo generaste toda una historia que al final no fuiste capaz de sostener. es la palabra que no vale nunca; tu palabra que no vale un carajo pero que no tenés idea las cosas que genera ahí donde se incrusta.
es algo tan simple como la poca hombría de siempre. la posibilidad de mirarme a los ojos una vez y decirme que no en vez de buscar excusas y eufemismos y silencios. la posibilidad que te importó un pito aprovechar. es saber que por primera vez había hecho todo bien y no pretendía más. es quererte matar por tener el tupé de entrar en mi vida de la manera en que entraste, dejarte que me vendieras todo este humo y comprártelo al contado y que al final eligieras este modo tan cobarde y desinteresado de salir, de escaparte, de lavarte las manos y aquí no ha pasado nada.
acá pasó de todo, y no supiste hacerte cargo. ni siquiera para ponerle un punto final decente.

20.2.11

y yo que me creía anticursi

la escena yoduchándomevosenelestartocandounbluesenlaguitarra me fascina.

19.1.11

las primeras miradas. las disimuladas que terminan siendo las más evidentes porque la torpeza no nos deja esconder la picardía. las cosquillas (en el anverso y el reverso de la cintura). los roces casi sin querer. las charlas que parecen improvisadas pero que fueron perfectamente calculadas (con el tono de voz espontáneo incluido). los juegos, las sonrisas. la complicidad tras la simpleza de una mirada de reojo. la inocencia, la ilusión. los mates -dulces y lavados- mezclándose con los dedos una mañana de lluvia. la espera, paciente, a que la soledad se canse de esperar. los ojos buscando un gesto en un mar de gente. las manos atándose la vergüenza. la ternura ganándole la partida a los nervios. un "y si..?" carcomiendo las entrañas. y un "por qué no?" invitando dos cervezas.